lunes, 16 de enero de 2012

Dos alemanes y un Cristo muerto...

Hans Holbein, Cristo muerto, Öffentliche Kunstsammlung, Basilea, c. 1520

Franz von Stuck, Piedad, 1891, Colección Privada.

lunes, 2 de enero de 2012

Blanco sobre blanco y negro sobre blanco

Malévich, Cuadrado blanco sobre fondo blanco, 1918.
Malévich, Cuadrado negro sobre fondo blanco, c. 1924-25.
"Por eso el blanco actúa sobre nuestra alma como un gran silencio absoluto (...) Es un silencio que no está muerto, sino, por el contrario, lleno de posibilidades (...) la nada anterior al comienzo, al nacimiento. Quizá la tierra sonaba así en los tiempos blancos de la era glacial.

El negro suena interiormente como la nada sin posibilidades, como la nada muerta después de apagarse el sol, como un silencio eterno sin futuro y sin esperanzas".

Kandinsky, De lo espiritual en el arte (1911)

sábado, 31 de diciembre de 2011

Cristo, Velázquez, dos literatos y una cornada

Velázquez, Cristo crucificado, c.1632, sala 14

¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivífico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra;
blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno.
(...)

Miguel de Unamuno (1864-1936)



Banderillero desganado.
Las guedejas del sueño cubren tu ojo derecho.
Te quedaste dormido con los brazos alzados,
y un derrote de Dios te ha atravesado el pecho

Un piadoso pincel lavó con leves
algodones de luz tu carne herida,
y otra vez la apariencia de la vida
a florecer sobre tu piel se atreve.

No burlaste a la muerte. No pudiste.
El cuerno y el pincel, confabulados,
dejaron tu derrota confirmada.

Fue una aventura absurda, bella y triste,
que aún estremece a los aficionados:
¡qué cornada, Dios mío, qué cornada!

Ángel González (1925-2008)

viernes, 30 de diciembre de 2011

El Prado escondido: un paseo virtual por los fondos de los almacenes (I)

Obras que rara vez vemos en las salas por falta de espacio, pero que al menos tienen su hueco virtual en la galeria online del Museo...

Louis de Caulery, Crucifixión, óleo sobre tabla, siglo XVII, adquisición de 1982.
Louis de Caulery, pintor flamenco nacido a finales del siglo XVI y fallecido en la década de 1620. Trabajó en Amberes y se dedicó fundamentalmente a la pintura de género.



martes, 27 de diciembre de 2011

Recrearse en la música...

Tiziano, Venus recreándose en la música, c. 1550, sala 44.
Fuseli, Mujer desnuda y joven tocando el piano, c. 1799.

viernes, 21 de octubre de 2011

Y un triste orgullo la encendía... ¿Qué pensaría?

José de Ribera, Media figura de mujer, c.1635, sala 7.

Michiel Coxie, Tríptico de la Muerte de la Virgen (detalle), antes de 1550, sala 57

-La pensativa- 
En los jardines otoñales, 
bajo palmeras virginales, 
miré pasar muda y esquiva
la Pensativa. 
La vi en azul de la mañana, 
Con su mirada tan lejana; 
Que en el misterio se perdía 
De la borrosa celestía. 
La vi en rosados barandales 
Donde lucía sus briales; 
Y su faz bella vespertina
Era un pesar en la neblina… 
Luego marchaba silenciosa 
A la penumbra candorosa; 
Y un triste orgullo la encendía, 
¿Qué pensaría? 
¡Oh su semblante nacarado 
Con la inocencia y el pecado! 
¡oh, sus miradas peregrinas 
de las llanuras mortecinas! 
Era beldad hechizadora; 
Era el dolor que nunca llora; 
¿Sin la virtud y la ironía 
Qué sentiría?
En la serena madrugada, 
La vi volver apesarada, 
Rumbo al poniente, muda, esquiva 
¡La Pensativa! 

José María EGUREN (1874-1942)

lunes, 3 de octubre de 2011

El pintor Claudio de Lorena es nombrado duque (o Por qué me niego a leer periódicos)

Ayer, casi me come una visitante. Me preguntó por una salita con cuadros de pequeño formato de pintores como Degas y Corot.  Le contesté que suponía que se refería al gabinete de dibujos de la segunda planta, pero que allí había sólo obras del siglo XVIII español. La señora insistió en que esas obras se encontraban en el Museo, incluso me dijo que había preguntado en información y que le habían dicho el número de sala (?). Yo volví a insistir, explicando que el Prado no tiene nada de siglo XIX francés (con la salvedad de un desnudo femenino al más estilo Pompier expuesto junto a los Fortuny; al menos hasta donde sé). Finalmente, la visitante (no sin cierto atisbo de desconfianza hacia mi respuesta)  me explicó que había leído un artículo en El País cuyo periodista hablaba de una salita con obras de esos pintores. Le expresé a la mujer mi curiosidad por el artículo a fin de ver de dónde venía al confusión.

Acabo de localizar ese artículo (publicado en el periódico español el 24 de septiembre, en su suplemento cultural, Babelia) y, efectivamente, el periodista, José Luis Estévez, dice, literalmente que "si Manuel Rivas, escritor, tuviera que elegir un lugar para escapar del mundanal ruido no elegiría la isla desierta o el rincón bucólico de la montaña en el que muchos pueden pensar, él escogería una pequeña sala del Museo del Prado en la que se encuentran cuadros de pequeño formato de pintores como Corot, Degas o De Nittis". Ignoro si la pomposa frase es cosecha propia y exclusiva del periodista o es una paráfrasis, como otras del artículo, de algo dicho por el propio Manuel Rivas. En cualquier caso, no quepo en mi asombro ante la profunda ignorancia y desconocimiento vertidos en un artículo publicado en, se supone, uno de los principales periódicos de tirada nacional. Si el autor de la frase (fuera quien fuere) dijese "se encontrasen", entendería que le gustaría pasar su tiempo en el Museo del Prado junto a los grandes maestros y, además, tres importantes pintores del XIX francés, no autóctonos del Prado. Sin embargo, al emplear el presente de indicativo, afirma rotundamente que esos pintores se encuentran en las colecciones del Museo, poniendo en evidencia que no sólo hace mucho que no visita el Prado, sino que no tiene la más mínima idea de las colecciones que alberga la pinacoteca más importante de España y una de las principales de Europa.

Se me podrá decir: ¿cuántos españoles conocen más o menos los fondos del Museo? Es cierto que probablemente el ciudadano medio de a pie (e incluso, lamentablemente, universitario) no sepa más que nombrar a Velázquez, Murillo y Goya, y aunque yo considere una cuestión de cultura general (y casi obligación de todo ciudadano español) conocer mínimamente sus glorias artísticas, seamos sinceros: no es así y tampoco viene al caso que nos ocupa. Lo que me enerva es comprobar, una vez más, el nivel formativo y la curiosidad nulos de la mayoría de periodistas (Manuel Rivas también es periodista), quienes suelen cometer errores de bulto al escribir sobre cuestiones culturales y encima cobran por ello. Me viene a la memoria otro caso sangrante y vergonzoso: un artículo en el Mundo sobre la exposición de Roma que acaba de clausurar el Prado. En el artículo se hablaba especialmente de Claudio de Lorena, pintor francés del XVII, llamado Claude Lorrain en su idioma materno. Pues bien, como ilustración al artículo, se incluía un supuesto retrato del pintor. Quien sepa un poco de pintura (y de historia) se dará cuenta inmediatamente, por moda y estilo pictórico, de que el retrato es de la primera mitad del XVI. Efectivamente, pone junto al retratado Claude Lorrain, pero si quien escogió la foto hubiese hecho algo más que meter "Claudio de Lorena retrato" en google imágenes, habría sabido que ese Claude Lorraine del retrato es el duque de Guisa, personaje muerto en 1550. Pero pedimos peras al olmo.

Qué razón tenía Nietzsche cuando enarbolaba la espada contra los periodistas diciendo de ellos que no son más que "el esclavo de papel del día", que "ha triunfado, en todo lo que se refiere a la cultura, sobre el docente superior, y a este último no le queda más que la metamorfosis, ya presenciada con frecuencia, de moverse ahora también él en la manera de hablar propia del periodista, con la «ligera elegancia» de esa esfera, cual una mariposa jovial y culta".